¿Por qué Contranatura?

Interacción en un acto

Presentamos una interacción vía correo electrónico en la que, creemos, se aclara bastante la elección de Contranatura como nombre de nuestra organización. Al final, agregamos una justificación más teórica de esta escogencia.

Querido amigo:

Me parece muy bonito todo, el quiénes somos, por qué somos, qué buscamos, qué no buscamos, etc. Lo único que me hace un poquito de ruido es el nombre de la organización. ¿Por qué CONTRANATURA? Digo, si la diversidad sexual o, mejor dicho, la sexualidad A SECAS, en todas sus manifestaciones es lo más natural del mundo, sea cual sea la dirección en la cual se exprese. Se me antoja que CONTRANATURA, ya con el solo nombre, se plantea como una suerte de Ghetto dentro del cual ya está implícito un ¿sentimiento? de exclusión. Sé que no me estás pidiendo mi opinión; entiendo que el amable e-mail era para darme la dirección de la página, pero, ya me conoces, yo igual meto la cuchara. Me parece, no obstante y aunque no esté de acuerdo con el nombre, que ya es hora de ABRIR LA BOCA honesta y valientemente por la ¿reivindicación? de algo que no excede la categoría de DERECHO HUMANO: Vivir manifiestamente la sexualidad como expresión individual, colectiva y cultural de un preciado bien espiritual que, de manera legítima, TODOS DEBEMOS defender si es necesario contra cualquier intento de sabotaje. HE DICHO… Te ama, Eritcita.

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Mi adorada amiga,

El impacto que acusas no extraño. De hecho, ya estamos acostumbrados a que se produzca, y creemos que en sí tiene su propio contenido y efecto político.

Un poco de historia personal. El nombre es de mi peculio. Hace cinco años, cuando estaba entregado en cuerpo y alma a una consuetudinaria y vituperable relación alcohólica y parlanchina con una amiga (para variar, alcohol y amigas, cosa que me ha merecido el título de “mujer honoraria”) en la Tasquita (que ya debo poner con mayúscula inicial por el carácter institucional que ha adquirido el sitio), nos dimos al tema recurrente y despepitado de la sexualidad. Cada día decíamos cosas más estrafalarias que -comenzamos a darnos cuenta- presionaban las barreras de lo establecido como norma social. Vimos que la sexualidad, y más precisamente el sexo y sus secuaces, estaban cubiertos por tantas sombras de prohibición que ya se hacía necesario tomar una actitud descarada con temas relacionados. Nos percatamos de que lo más claro del asunto era la imposibilidad de llegar a algún esencialismo “natural” sobre cualquier asunto que tuviera que ver con sexo. Con “natural” nos referíamos a lo biológico, no a lo espontáneo o “lo que es verdad para cada quien”, e intuíamos que la resolución tendía a ser fundamentalmente (aunque no esencialmente) cultural. Tan contranaturales éramos que constituimos una sociedad privada de bonobos, especie de chimpancé que, a diferencia de su primo guerrerista y malgeniado, resuelve toda diferencia vía contacto sexual. Por supuesto, dado que a todos mis íntimos es “natural” cargarme las culpas (¿te resuena?), fue mi amiga quien comenzó a tildarme de contranatural mientras ella vivía “en contranatura” haciéndose la loca, sin recibir ninguna etiqueta.

Los contranaturales, cuando nos reunimos por primera vez un 4 de febrero de un año como 2003, nos dispusimos a nombrar esa cosa rara que estábamos constituyendo. A nadie se le ocurría nada, pero yo, que tenía el gusanito del término en mi memoria remota, lo sugerí. De ahí en adelante cada vez nos hemos sentido más identificados con él. Y precisamente, relacionado con lo que me dices, Contranatura da una cabida incluso cínica a toda forma de diferencia. Quizás podría decirse que arrastra una forma de escándalo como estrategia política.

El problema que abordamos con Contranatura se sostiene en que lo contranatural es lo definido por la norma social, y lo natural es lo establecido por esa misma norma. Y la norma se caracteriza por sostenerse en relaciones de poder. Aún en la Biblia, ya se nota esta perversión. Para Lot resultó más adecuado ofrecer sus hijas como botín con tal de que los sodomitas no atentaran contra los ángeles de exterminio, cosa que reflejaba la norma de que la hospitalidad estaba por encima de cualquier cosa, aún de la integridad de las mujeres. Por otra parte, Los castigos a crímenes contranatura normados en el Levítico son notablemente superiores contra las mujeres que contra los hombres. Sólo por nombrar dos casos.

Y para finalizar, te envío algunas citas de connotados autores, quienes, de soslayo, enfocan el término:

«Forma parte de la naturaleza humana la capacidad de transformar la naturaleza, incluso la suya propia.»
María J. Izquierdo, Malestar en la dominación.

«Lo natural no es necesariamente un valor humano.»
María J. Izquierdo, Malestar en la dominación.

«La expresión “contra natura” aparece por primera vez en las traducciones de Las Leyes de Platón, donde el filósofo pretende establecer un modelo de la polis ideal. Resulta patente que en toda su obra anterior, Platón había caracterizado las relaciones entre hombres (o más precisamente entre hombre adulto y muchacho joven) como forma de placer natural, por encima de las relaciones entre “personas de distinto sexo”. Lo que aquí caracteriza como perjudicial para su modelo de organización social es el placer en general o, mejor dicho, esa posible tendencia humana que hace de la búsqueda del placer un objetivo prioritario, por encima de cualquier otro. Es ese hedonismo exacerbado lo que despierta su desconfianza.»
Ricardo Lamas, Teoría torcida. Prejuicios y discursos en torno a “la homosexualidad”.

«(El homosexual) va en contra de la naturaleza. Transgrede esta frontera que los Romanos conocían muy bien: si bien la homosexualidad activa con un esclavo era tolerable, cualquier relación pasiva era evidentemente monstruosa. En realidad, “contra la naturaleza” sólo quiere decir: contra la jerarquía social. Por ello, mientras el dominador se conduzca como tal, todo está bien. Pero si adopta las prácticas por las que es susceptible de volverse dominado, entonces ya nada está bien.»
Pierre Bourdieu (Entrevista concedida a semanario francés en ocasión de la publicación de su libro La dominación masculina)

Te ama, Carlos

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Obviamente, mi estimado amigo, la idea no era que me humillaras con tanta sapiensuría (me imagino que ya sabes de dónde me salió el ¿neologismo?). En todo caso, me parece excelente la iniciativa que tú y los otros panas se traen entre manos. Y, si no me traiciona mi recientísima memoria de lo leído, creo que mi piquiña proviene de una parte en la que señalas, no sé si en palabras tuyas o citadas, que lo natural es algo así como lo socialmente aceptado como tal. ¿Me equivoco? Si es por eso, yo, definitivamente, debería formar parte de ese combo de los contranaturales. Por lo que expones y por lo que, en distintos momentos de más o menos francas conversaciones, yo te he expuesto sobre cómo veo yo la cosa relativa al sexo y a la sexualidad. Si no sigo recordando mal, creo que mencionas algo sobre alzar la voz con cierto nivel de descaro ¿o escándalo? Algo de ello, o algo parecido, creo que te mencioné en mi e-mail inicial. Como fuere, sobre este tema hay un cerro de cosas que me gustaría poder conversar contigo con la solemnidad o el desparpajo que la ocasión nos permita. Como comprenderás, no voy a caer en la trampa de los lugares comunes; pero sí quiero que sepas (y ya debes saberlo) que yo tampoco me acomodo bien en una caja. Creo que nadie debería acomodarse ni dejarse acomodar. Y, sí, me pusiste a pensar en muchas cosas. Sobre todo en ese concepto (o, más bien, discurso) que corrientemente manejamos acerca de lo normal, vinculado con la aceptabilidad y la espontaneidad. Pues, nada, en lo que a mí respecta, este diálogo apenas comienza y, definitivamente, me gustaría seguirlo contigo. Si me permites ser cursi -y si me permites recordar algunas conversaciones que sostuve ayer con dos individuos (en dos momentos distintos del día)- yo creo que el principal objetivo de uno en la vida es ser PLENAMENTE FELIZ. En el entendido, por supuesto, de la felicidad asumida como realización personal, como goce, como conciencia de un sentido de la libertad responsable con nosotros mismos y con los demás. Te ama, Eritcita.

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¿Por qué Contranatura? De manera general, la sociedad occidental moderna ha asumido que cualquier práctica, orientación, discurso o ideología asociada con la sexualidad alternativa, distinta, a la hegemonía heterosexual, representa una amenazante distorsión contra la naturaleza humana. Dentro de esta ideología androcéntrica y heterosexista se define como contranatural cualquier comportamiento o identidad sexual, incluso aquéllas divergentes dentro de la misma heterosexualidad, que supongan un atentado normativo o ético contra lo impuesto. Más allá de representar simplemente una ideología generalizada, ésta conlleva una posición política y ética que instala y legitima la discriminación y la intolerancia frente a la diversidad sexual. No existe nada contranatural en la diversidad sexual, al menos que la sociedad lo designe o condene como tal.

Contranatura asume precisamente una posición contraria a esta visión. Consideramos que todo hecho sexual humano incorpora elementos tanto culturales como naturales, tanto sociales como individuales, por lo que su caracterización como contranaturales está más determinada por el marco de referencia de la sociedad y los valores en los que está inserta que de sus propias condiciones intrínsecas y/o biológicas.

Invitamos a través de nuestra denominación a reflexionar críticamente sobre los asuntos de la diversidad de género y de la sexualidad dentro de un contexto social e intelectual más amplio e incluyente. Pretendemos pensar desde esta ironía, e incluso cinismo, nuestra exclusión o inclusión, nuestra posición y participación desde la diferencia en el mundo que vivimos.

CONTRANATURA

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